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TRES MESES SIN VERTE

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Son muchas, más de las que a veces alcanzamos a imaginar, las personas que en estos meses de pandemia no han podido ver a sus seres queridos.

Ayer me tocó uno de esos casos que te llegan muy adentro, que te remueven lo más profundo y que te hacen mirar para atrás y pensar.

Era un turno en urgencias de esos que ya van pareciéndose a los de antaño, un aumento de las urgencias «más habituales», pero también ahora, con esa sombra oscura llamada covid-19. El número de ambulancias que van llegando también vuelve a ser tan intenso como era y entre esos pacientes llegó esa paciente, que sin saberlo sería la protagonista de mi turno, de mi día y quizás de muchos más días.

Ella, de la que no daré muchos datos preservando su intimidad, era alguien que desde hace tiempo por una demencia avanzada, vive en una residencia de ancianos debido a su nivel de dependencia total. La fiebre alta, dificultad respiratoria y un mal estado general la trajeron a urgencias. Hasta que no se demuestre lo contrario toda infección respiratoria hoy tiene que ser contemplada como una posible infección por covid-19, aislamiento, PCR, cultivos y sobre todo y a pesar de tantas barreras, todo el cariño posible.

Llegó la familia, sus hijos, aquellos a los que en la residencia, por su seguridad y la de los residentes, le habían prohibido visitar, tres meses sin poder verla.

La situación no era nada sencilla, su estado era complicado y las restricciones de visitas en estos pacientes siguen siendo muy estrictas.

Su médica responsable informó de la situación a sus hijos y vino a contarme como llevaban 3 meses sin poder verla y ante la situación tan grave si existía la posibilidad de que pudieran verla.

Ninguno dudamos, pasaron y entendían perfectamente las restricciones que había, se les colocó sus EPIS, se les explicó todo y pudieron entrar a ver su madre después de tres meses. A nivel técnico decir que lo hicieron todo según las indicaciones y según le íbamos indicando. A nivel humano, mucho sentimiento, sin poder evitar empatizar con esos hijos en una situación tan complicada.

Al salir entre lágrimas solo nos dieron las gracias, gracias por esos 5 minutos después de 3 meses, gracias por haberlos dejado despedirse.

Finalmente se descartó la infección por Covid-19 y pudieron volver a ver a su madre.

La situación ha ido evolucionando en esta pandemia, hemos estado mucho tiempo contra las cuerdas, en ocasiones sin saber bien hasta donde llegaría la situación, los medios que tendríamos… muchas situaciones dramáticas a las que ojalá nunca tengamos que enfrentarnos de nuevo pero con la certeza de que otras situaciones similares son posibles y de que está en nuestra mano ahora prever y diseñar mejores sistemas que puedan dar respuesta e impedir que nadie esté tanto tiempo sin ver a su ser querido o como en otros muchos casos sin ni siquiera haber tenido esa posibilidad.

Hay muchas historias así, hay mucho por hacer, mucho por mejorar y desde Foro HURGE seguiremos trabajando por mejorar estos aspectos en la atención de urgencias y emergencias.

Gracias a tod@s mis compañeros por la increíble profesionalidad y humanidad que tienen y gracias a Ana H. e Irene G. por preocuparos tanto para que ayer pudiéramos hacer posible que no pasara un día más sin que pudieran ver a su madre.

Un abrazo

Juan Carlos Miranda- Coordinador de Foro HURGE

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