REMEDIOS NATURALES

Parece que fue ayer, pero ha pasado un mes y medio después de mi último turno de noche.

Se abren las puertas de Urgencias, atravieso la recepción. La sala está llena de gente, algunas sentadas, otras en sillas de ruedas; una mujer en una camilla, varios pacientes de pie.

Un murmullo creciente de voces, de familiares y pacientes, hacen apenas imperceptible la voz del celador llamando al próximo paciente para ser atendido por el médico de triaje. El estruendo de la megafonía retumba por toda la sala.

Continúo caminando por el pasillo que cruza por los boxes; se escucha un llanto de mujer; detrás de la puerta de un box alguien se está quejando de dolor; en otra habitación oigo preguntar: “¿por qué ha venido?”; nadie responde.

Al pasar cerca del baño asistido se abre la puerta, me detengo al escuchar a alguien que grita: “¡Que venga un celador y que saque fuera la camilla!”. Y se marcha por el pasillo sin esperar a que el compañero aparezca.

Reanudo mi marcha hacia el control de Enfermería; miro a mi alrededor y pienso ¡madre mía, como está esto, lleno, lleno!. La sala de cuidados está abarrotada de gente, infinidad de palos de goteros y sueros colgando. Encima de la mesa observo como se amontonan varias historias de pacientes ingresados, a la espera de cama.

Tomo consciencia de la situación y me preparo para afrontar mi jornada laboral: no es fácil trabajar en un entorno así…

En ese momento observo como una compañera enfermera le sonríe dulcemente a un paciente y le habla de forma sosegada, mientras lo acompaña por el pasillo, a pesar de que los elementos externos no les son favorables. Al pasar cerca de mí, escucho: “muchas gracias por su amabilidad, llevamos un buen rato preguntando dónde debemos esperar”.

Esta situación de saturación y sobrecarga en Urgencias conduce a la angustia e insatisfacción tanto de paciente y familiares, como de los profesionales, con lo que no favorece una atención humana y de calidad. Sin embargo, la sobrecarga en Urgencias no puede llegar a justificar la carencia de humanización: tratar humanamente a los enfermos es una tarea y un reto personal en el que estamos todos implicados y de la que somos responsables todos: familias, ciudadanos, profesionales sanitarios y voluntariado, instituciones públicas y privadas y la propia Administración.

“El primer acto del tratamiento de la enfermedad, es dar la mano y una muestra de cariño al paciente…” Von Leiden (médico alemán).

Para lograr una Humanización en Urgencias y Emergencias y una atención integral con calidad, es necesaria la interacción continua entre paciente, acompañante o familiar y profesionales de la salud que lo atienden, de tal forma que se propicie el ambiente adecuado para que el sanitario aporte su conocimiento y habilidades en comunicación y trato humano, el paciente pueda expresar así sus sentimientos y valores, y la familia se haga partícipe del proceso para ayudar en la recuperación del paciente.

“Una sonrisa, un saludo amable, darle la mano, preguntarle como se encuentra” son REMEDIOS NATURALES que hacen que el paciente se encuentre reconfortado durante su estancia en Urgencias.

Os invito a todos los profesionales, sanitarios y no sanitarios, de las Unidades de Urgencias Hospitalarias, Extrahospitalarias, Emergencias y Catástrofes, a que practiquemos a diario estos primeros remedios naturales. Nos ayudarán en este sueño de humanizar estas Unidades, donde todos aportamos, todos sumamos.

Belén Soto

Proyecto HURGE

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