MIS HURGENCIAS POR AROA LÓPEZ MARTÍN

Trabajar en Urgencias o es tu pasión o lo odias, no hay términos medios, qué os voy a contar, es un servicio duro.
Empecé con miedo cubriendo un contrato hace 14 años y ya me quedé.

El año pasado pasé por una etapa de odio, odié mi servicio, odié ser enfermera. Y lo odié porqué casi me cuesta la vida. Salí en camilla camino a la UCI balbuceando que no volvería a trabajar allí. Y es que en febrero me contagié de gripe A . Ese invierno fue muy virulenta y se cebó con la gente joven.

Acudí tres veces a urgencias por cefalea, la primera vez me diagnosticaron la gripe. La última vez me quedé ingresada; y suerte porque en pocas horas hice una neumonía fulminante que progresó a insuficiencia respiratoria aguda, con shock séptico.

Ser paciente es duro, y en tu propio servicio aún más. Ves las caras de tus compañeros, de esos compañeros con los que pasas horas, compañeros que son amigos tuyos. Conoces sus caras, lo que en ellas se reflejan, porque sí, que no os engañen, ¡la cara es el reflejo del alma!! Querer disimular la gravedad, a mis compañeros no se les dio bien, decirte que te van a poner un drum, o pincharte unos gases, o monitorizarte, o ponerte drogas vasoactivas porque “vas un poco justa de tensión”, o sondarte porque no orinas, o girándote el monitor para que no veas su registro. ¡No se les da bien disimular! Mucha gente entró a verme en esas horas, tanta que al final ya me parecía una despedida. Mis compañeros se vieron totalmente reflejados en mi, fui yo como podía haber sido cualquiera. El hecho de que la gente se ponga directamente en tus zapatos, es lo que más humaniza. ¿Qué puede humanizar más que la gente se ponga en tu situación? ¿con tus necesidades y tus miedos intentando ser lo más profesional posible?

Puedo decir orgullosa que soy el producto de la humanización de mis compañeros, de mis compañeros de Hurgencias, de la HUCI y de la unidad de hospitalización donde estuve post-HUCI.

Pasé a estar al otro lado, al de paciente, a la posición horizontal, y caía (…) pero sabía que tenía detrás de mí una H enorme que me servía de red. Dejas tu vida en las manos de tus compañeros, y te dejas llevar, porqué sabes que van a luchar junto a ti y por ti.

Resultado 11 días en coma inducido, parte de ellos en prono, camino de una traqueo programada.

Mil y una situaciones vividas desde la primera asistencia en urgencias, a mi destete del respirador, a mi miopatía del crítico (que hace que tengas que aprender a caminar) dignas de contar y recordar, porque ensalzan la humanidad y profesionalidad de mis compañeros, de los que estoy muy orgullosa.

Finalmente, tuve un desenlace feliz, sin traqueo, sin secuelas, más que un par de cicatrices que me recuerdan la batalla vencida. Mi dura experiencia me ha servido para ver las cosas con perspectiva, desde el otro punto de vista. Y no es que antes no viera y viviera las situaciones o no intentara ponerme en la piel de pacientes y familia, sino que ahora sé exactamente lo que sufren, lo que les pasa por la cabeza, en qué puedes ayudar, en qué puedes ser práctica e intentar cubrir en lo posible sus necesidades en momentos duros, o en qué momentos puedes y debes simplemente acompañarlos. Por qué ser una expaciente de urgencias crítica humaniza y mucho; a ti y tus compañeros que han vivido el proceso contigo. Y sí que es verdad que la vorágine de un servicio como el nuestro (porque sigue siendo el mío) hace que a veces no toques con los pies en la tierra, siempre hay momentos y situaciones que te hacen volver a conectar y que justifican el ponerle la “H”, y convertirlas en las Hurgencias que queremos.

Volví a mi servicio, por eso mismo, porque o lo odias o es tu pasión. Y precisamente esta pasión es la que me mueve a escribir estas líneas y querer ser partícipe del proyecto HURGE.

Me gustaría que estas cuatro líneas sirvieran como mi pequeño homenaje a mis compañeros.

Aroa López Martín

Para Proyecto HURGE

 

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