La puerta

Llegaron con luces, sirenas y mochilas en la espalda.

Mi padre estaba tendido en el suelo.

Rápidamente nos sacaron de la habitación, cerraron la puerta y comenzaron a realizarle maniobras de reanimación cardiopulmonar.

Mi madre lloraba. Yo simplemente me mantenía a la expectativa, intentado imaginar lo que allí dentro podía estar sucediendo. En ese momento no teníamos claro que mi padre fuera a morir.

El monitor les marcaba el ritmo de las compresiones, un sonido que algunas noches todavía me despierta.

Escuchábamos ruidos de golpes, de material por el suelo y que movían algunos muebles, pero no nos atrevíamos a entrar para no desobedecer la orden que nos dio aquel desconocido de chaleco fluorescente.

Después de 30 minutos de incertidumbre, el médico salió, y sin mirarnos a la cara nos dijo un «lo lamento mucho, a pesar de nuestro esfuerzo, su padre ha fallecido«.

Yo que hasta entonces mantenía la calma, de repente me bloqueé. No entendía lo que estaba pasando, no podía asimilar que tan solo unos minutos antes, mi padre estaba cenando con nosotros y ahora yacía sin vida sobre el suelo de nuestro salón, aquel que guardaba tantas manchas como historias y vivencias.

El equipo rápidamente recogió el material, creo que tenían otros avisos pendientes.

Nos dieron el informe y se fueron.

Yo no pude decir nada, no supe quienes eran, como se llamaban, ni lo que allí dentro sucedió.

Ahora con el paso del tiempo, pienso que esa noche pudo ser diferente. Tendrían que haber trabajado de un manera distinta. Creo que me hubiera ayudado saber sus nombres, que alguien nos comunicara algo antes del triste desenlace, que nos hubieran ofrecido la posibilidad de presenciar que hicieron todo lo posible por reanimar a mi padre, y por supuesto, estoy convencida que aquel médico nos tendría que haber mirado a los ojos, cuando pronunció aquellas insípidas y protocolarias palabras.

¿Por qué no nos comienzan a tener un poquito más en cuenta?. En definitiva, era nuestra casa, era nuestro padre.

Tal vez así, no me hubiera pasado muchas noches de insomnio imaginándome lo que sucedió detrás de aquella puerta.

Se que todos no somos iguales, pero creo que a mi me hubiera ayudado con mi duelo.

Una historia de JM Salas, autor del blog Con Tinta de Médico para el Proyecto HURGE.

[RCP en presencia de Familiares, Comunicación, Historias de Pacientes]

 

 

 

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3 comentarios en “La puerta”

  1. Cooko médico de urgencias, ya van 23 años, es fundamental informar y empatizsr con la familia, cosa que no siempre da tiempo. La presencia, posiblemente a este familiar le hubiera provocado más noches de insomnio, creo.

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  2. Siempre les dejo ver cómo desplegamos material e iniciamos RCP incluido mover muebles, llamadas, etc…
    Les informo que está en parada y que haremos todo lo que podamos, y después les saco «por motivos de espacio».
    Algo cierto. Pero además porque creo que una RCP es muy agresiva y puede ser muy traumático para la familia presenciarla…
    Cuando es en plena calle y no tenemos opción de sacar a nadie…
    Todavía recuerdo a la mujer de un paciente abrazada a las piernas de su marido (imaginaros para separarla para dar las descargas) o a la hija de otro paciente agachándose en cada compresión y llorando y aporreando el suelo…
    Creo q conviene q vean q empezamos a hacer todo lo posible pero no más. Una RCP realmente es algo muy traumático para quién no sabe de qué va… en la TV sale todo siempre tan limpio y tan bonito!
    Ana, enfermera en SVE durante 11 años

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    • Buenas tardes Ana, soy JM de HURGE. Entendemos lo que comentas. Creemos que hay momentos en los que se podrá hacer y otros por supuesto que no. Queremos explorar la forma de trabajar en los que si se puede, por eso aportamos estudios científicos que arrojan resultados interesantes sobre este acompañamiento. Estoy convencido que aunque a priori parece algo difícil, con formación, práctica, simulación y protocolos específicos, no es tan difícil. Particularmente también llevo unos años en urgencias prehospitalarias y nunca tuve que sacar a ningún familiar durante una RCP.
      Un saludo

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