GESTIÓN EMOCIONAL EN LAS URGENCIAS

Hace un par de semanas estuve en el XXVI Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina de Familia (SAMFYC). Es la primera vez que se realiza un taller sobre Gestión Emocional para los médicos de Urgencias en esta sociedad científica con la que colaboro en varios grupos.

Con gran ilusión mi compañero el Dr. Abel Saldarreaga y yo preparamos este taller sin conocer el recibimiento que íbamos a tener. Nada más abrir las puertas del aula, una chica nos dijo, “gracias por hacer este taller, parece que está hecho para mi, os necesito, lo necesito”. Ese comentario reforzó mi idea de cuán necesario es humanizar nuestro entorno y darnos permiso para hablar sobre las experiencias que vivimos y sobre las emociones que sentimos antes, durante y después de cada actuación sanitaria.

El taller comenzó con el testimonio de un enfermero de urgencias que, estando la noche anterior de guardia atendió a una mujer de 56 años que pretendía acabar con su vida para ir con su hijo adolescente fallecido de una larga y dolorosa enfermedad. Este compañero compartió con nosotros el amargo dolor que sintió al escuchar a esa madre llorar y suplicar por su muerte para reunirse con él. Fue una dura labor la de poder aplicar el conocimiento y las técnicas adecuadas manteniendo el temple sin caer en el hondo dolor de esta madre y evitar que la ingesta farmacológica pudiera hacer su efecto y cobrarse su vida.
El hablar del hijo y compartir un poco la carga de esta mujer, hizo que nuestro compañero pudiera hacer su labor junto al resto del equipo. Rescatarla de las garras de la “señora de la Guadaña” no fue difícil, lo difícil fue sacudirse el efecto de empatizar con sus lágrimas y la pegajosa tristeza que la tenía atrapada y mantener a raya la peligrosa proyección como padre que llora al hijo que no pudo rescatar de la muerte.

Duras experiencias se contaron en este taller, se identificaron las diferentes emociones y sus efectos en nuestra vida profesional y personal a nivel de cuerpo, mente, conductas y comportamientos. También los alumnos pudieron ver y experimentar las consecuencias de no canalizar las emociones. Cuando una emoción no es gestionada puede anclarte en un pasado, que en vez de empujarte hacia la excelencia, te atrapa en la culpa por “lo que pudo ser y no fue o por lo que fue y no tuvo que ser”.

Al finalizar el taller los alumnos nos hicieron ver que habían recibido más de lo que hubieran pensado y que por fin habían entendido que está en nuestras manos poner las emociones a nuestro servicio para hacer nuestra labor cómo siempre hemos soñado, de forma comprometida y realmente humana tal y como siempre lo hemos soñado y sobre todo sin pasarnos factura, que eso es posible sin ponernos esa coraza fría y dura a lo Dr House.
Agradecida por poder compartir experiencias, sentimientos y emociones y empoderar a los que, a pesar de sentir heridas en su corazón, se levantan y siguen caminando para dar lo mejor de si mismos mostrando dos grandes cualidades: empatía y resiliencia.

 

Carolina Perez

Proyecto Hurge

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