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EMPATÍA

“¿Quién soy para ella?”

“No recuerdo ningún otro paciente de aquella guardia, sin embargo, es imposible no recordar como saqué la radiología del sobre, tras lo cual, la miré, y una sensación de calor y desplome interno me invadió, miré de nuevo el nombre que aparecía en el sobre, efectivamente no había error, era el de ella. Era imposible lo que mis ojos veían: el pulmón izquierdo completamente velado.”

«¿La paciente…dónde estaba la paciente…? Ella esperaba, en la sala de espera de urgencias a que yo le dijese algo, mientras yo iba con aquella radiografía buscando respuesta. “

“Quedamos para presentarle el caso al cirujano de tórax, me esperaba otra sorpresa. Le pusimos las imágenes del TAC y él no necesitó la biopsia, no tardó ni 30 segundos es dar su diagnóstico, venía del Ferrol donde su prevalencia era alta. Lo pronunció: Mesotelioma.”

“Yo estaba de pie, no sé como mantuve la posición, todo pasó por mi mente más rápido que el lo pronunciaba, no era resecable, ya radiológicamente mostraba un estadio avanzado y según su conocimiento no tenía tratamiento quirúrgico ni médico. Si consideraba por contra adecuado realizar la biopsia para confirmarlo anatomopatológicamente. “

“La familia no quería que se le dijese el diagnóstico definitivo, ya era suficiente saber que se iría en menos de 6 meses, que había dos niñas a las que ya se les miraba con tristeza, sabiendo que iban a perder una persona básica en su vida, cómo para añadir más sufrimiento. Querían llevarla a otro hospital, para que la valorasen otros profesionales y viesen si había alguna otra opción, pero eso implicada decírsele y nadie se atrevía a hacerlo. “

“Y yo, ¿qué hacía en aquellos momentos?. Buscar en internet, que se hacía en otros hospitales y lugares del mundo. ¿Había alguna opción en algún lugar del mundo?… Aquella época delante del ordenador aprendí a saber que era tener estado de ansiedad, cuasi crisis de ansiedad, mientras realizaba la búsqueda y veía los resultados… “

“Tras lo cual iniciamos nuestra peculiar “conspiración del silencio”, nadie se sentía con fuerzas para abordar el tema con ella, y estaba en su propio dolor”. “Yo participa más activamente que nadie en aquella “mentira”, ella confiaba en mí”

“Apareció una anemia que precisaba trasfusión, y me preguntó porqué la tenía, si había seguido correctamente el tratamiento…

“Yo no pude más con aquella mentira, tenía un peso sobre mí, que ya no podía llevar. El miedo a la verdad me bloqueaba, pero sabía que aquello no era sostenible, no importaba que pensaba el resto de familia, yo no podía ya pronunciar más mentiras, además aquello comenzaba a moverse, cuántas mentiras iba a tener que pronunciar…? “

“No sé todavía hoy como salieron aquellas palabras de mi boca, pero lo dije, estábamos nosotras dos solas en el box de urgencias, le dije que no tenía una tuberculosis, que la biopsia nos había indicado que era un tumor, un cáncer llamado mesotelioma, estás últimas palabras recuerdo me salieron juntos con unas lágrimas que fluyeron de mis ojos, como hacen todavía hoy, recordando aquel momento; este momento profesional mío no estaba preparado en ningún curso que había dado, nadie me había dicho como había que conjugar tu profesión, junto a tu persona y tus seres más queridos, a los que hacías un daño atronador con tus palabras. Ella me escuchó en silencio, me hizo preguntas, todas lógicas y dentro de la mayor normalidad dada la situación, no me reprochó nada y lloramos juntas, uno de los pocos llantos que compartimos.”

“A partir de aquel momento, se negó a ir a ninguna revisión, pasé a ser su médico y a pesar de la gran mentira, en la que había participado activamente, no perdió la confianza en mí, ni como persona y ni como profesional; se supo poner en mi lugar como nadie más podrá hacer, el lugar que compartimos no puede ser ocupado por nadie. Hablamos de múltiples facetas relacionadas con la enfermedad, su persona y la familia, y además confió en mí, para que cuidase a sus hijas cuando ella ya no pudiera hacerlo, junto al resto de la familia. Ella las preparó para el momento que se aproximaba lentamente pero ineludiblemente a la vez, un final que todos ya sabíamos iba a llegar y sobre el que ella quería tomar decisiones, y las fue tomando poco a poco. Yo también me preparé para ello”.

“El día llegó, ya todos estábamos preparados para ello (en lo que se puede estar preparado), todos teníamos “cansancio físico y mental”, ella estaba tranquila, nos transmitía una tranquilidad como pocas personas son capaces de hacer. Preguntó por sus hijas, que habían ido aquella mañana a casa de su mejor amiga a jugar con su hija, y fueron a comer con ella, su madre, que estuvo en la mesa con ellas y disfrutó de su presencia, eran demasiado pequeñas 11 y 9 años, pero compartieron su vida hasta el final; después todos nos preparamos, ella también, sabía que ya no esperaba más que su final, aunque hubiesen pasado mas de dos años desde aquella comunión que nos cambió la vida.

“El final llegó, junto a sus padres, cogida de la mano de su marido y de la mía, su hermana.”

¿“Empatía” una habilidad que habitualmente desarrolla el profesional hacia el paciente, sin embargo como la muestra el paciente hacia el profesional?

¿Sabemos detectar cuando el paciente empatiza con nosotros?

¿Empatizamos con nuestros compañeros profesionales cuando son pacientes o familiares directos afectados?

Juana María Marín Martínez

Proyecto HURGE

Autores: Marín Martínez, JM; Rojas Luán, R y Cantero Sandoval, A Relato completo publicado en el XVII Congreso Nacional de Entrevista Clínica y Comunicación Asistencial de Cartagena

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