ASISTENCIA SANITARIA EN CATÁSTROFES

Ayer sentí miedo.

Nuestra intervención en República Dominicana tenía una prioridad, ofrecer agua potable a las poblaciones y desplazados afectados por el Huracán María. Las funciones específicas como sanitario miembro de la UMA, eran principalmente velar por la salud del equipo, realizar la asistencia sanitaria a la población que lo requiera y elaborar un Informe modelo EDAN (Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades de Salud en Situaciones de Desastre).

Eran las 15.25 h del quinto día de trabajo, de repente escuché un enorme golpe, algo parecido a un cuerpo cayendo desde una gran altura. Seré sincero, sentí miedo, mucho miedo. Por un momento pensé que alguno de mis compañeros se podría haber caído desde la altura, fruto de las arriesgadas tareas que estamos realizando.

Miré y miré, y trataba de localizar visualmente a todos (uno, otro, … y cinco!!!!). No se puede explicar el alivio que sentí. Creo que todos los sanitarios que venimos a estas situaciones pensamos que una de las peores cosas que te puede pasar es que le pase algo grave a alguno de tus compañeros de la ONG. Somos como hermanos. Porque solamente las personas que han vivido una intervención saben lo que llega unir estar en estas situaciones.

Pasado ese primer momento de impacto, nos acercamos a la zona del golpe, y vimos a una perrita tendida en el suelo. Había caído de 3 pisos de altura. Estaba muy dolorida, no se movía. En ese momento, todo el mundo te mira esperando que des una solución. Porque al sanitario que vienen a una catástrofe se le pide que dé solución a todo, ya sea una gastroenteritis, un corte, tratar a un bebé o a un animal. Esto es lo que verdaderamente se le puede llamar asistencia sanitaria UNIVERSAL.

Me puse manos a la obra, consulté con Eva, nuestra veterinaria de referencia en BUSF y también me apoyé en Malli, mi compañera y amiga veterinaria en la Universidad. Entre sus consejos y recomendaciones hicimos telemedicina o más bien televeterinaria, y tratamos con los medios que teníamos a aquel animal.

Las primeras horas fueron toda una incertidumbre, no sabía como iba a responder a nuestra intervención.

Al día siguiente, al preguntar por el estado de la perrita me dieron la grata noticia de que se movía, comía y bebía.

A pesar de la catástrofe en la que estaban sumergidos, ellos estaban sonrientes y yo también, porque todo nuestro esfuerzo mereció la pena.

Hoy ya en casa, con la cabeza nuevamente en el Proyecto HURGE, quise compartir con vosotros esta historia para ensalzar lo importante que es dar en determinadas ocasiones algo más de lo que se nos pide, regalar ese plus que no aparece en los libros, y que erróneamente tampoco se refleja entre tus funciones.

Hoy ya en casa, se que los pequeños gestos también son importantes, y que humanizar nuestras intervenciones es todavía una asignatura necesaria y por la que lucharemos desde este ilusionante proyecto de Humanización de las Urgencias, Emergencias y Catástrofes.

Hoy ya en casa, solo me queda agradecer a la gente de la República Dominicana, por su acogida y por regalarnos esa sonrisa que siempre llevaremos en nuestros corazones.

Dedicado a aquellos que son capaces de ser felices en medio de la adversidad.

Manuel Pardo Ríos

Proyecto HURGE

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